Mientras tanto, en un hotel lujoso de Lisboa, Lorna se sumergía en la calidez de una bañera de mármol blanco, rodeada de espuma perfumada.
Una copa de vino tinto descansaba en su mano derecha, y en la izquierda sostenía su teléfono móvil.
La pantalla iluminaba su rostro con un brillo frío, mientras sus ojos, delineados con esmero, se abrían con una falsa sorpresa al leer la noticia que esperaba desde hacía tanto tiempo.
Una sonrisa torcida, cargada de venenosa satisfacción, curvó sus labios pint