Ariana estaba en esa clínica.
Alejada de la ciudad, oculta entre caminos, que ningún transeúnte pisaría por accidente, como si hubiera sido construida para borrar huellas, para esconder secretos.
El lugar olía a silencio, a confidencialidad blindada por millones. No cualquiera podía entrar allí: modelos, políticos, celebridades que querían ocultar el paso del bisturí, o peor aún, un pasado.
La luz blanca de los pasillos tenía una claridad casi agresiva, quirúrgica, como si fuera diseñada para no