Ariana bajó del taxi, el corazón latiendo desbocado en su pecho, como si quisiera escapar de su cuerpo.
Pagó al taxista con una joya, algo más que un simple accesorio brillante.
Su respiración estaba errática, el aire frío de la noche golpeaba su rostro, pero no podía detenerse.
No podía pensar en nada más que huir, aunque el miedo le atenazaba las piernas, haciéndola tropezar con cada paso.
El sonido de sus pasos resonaba en las calles vacías, un eco aterrador que se mezclaba con el ritmo frené