La oscuridad volvió a ganar.
Los ojos de Alana se abrieron como platos, fueron de la loba al vampiro. Su cabeza comenzó a doler de una forma inimaginable, sus ojos se cristalizaron.
- Ohhh, no me digas, vas a llorar?
Alana no pudo hablar, sentía un nudo en su garganta. Y por si fuera poco todo aquello que estaba sintiendo, su mente comenzó nublarse. * No, no es el jodido momento de dormir* Cerró sus ojos con fuerza y una lágrima corrió por su mejilla.
- No era necesario decirlo.
- ¿Por qué, no? Que ibas a esperar?
- ¿