Alexa
Habíamos pasado un día increíble, pero era el momento de ir a casa. Los chicos se acercaron a mí y me abrazaron. Yo lo vi con el ceño fruncido, pues no sabía por qué se despedían. Cuando Luis pasa su brazo por mis hombros y empieza a caminar hacia la salida, me mira a los ojos y suspira.
—Te amo, ma, pero sé que quieres ir con él y tienes el derecho de hacerlo. Así que por nosotros no te detengas, anda, ve con él.
Yo sonrío y tomo su rostro entre mis manos. Mis hijos los amo más de lo qu