El teléfono sobre la mesa de cristal vibró. Diego, que había permanecido despierto toda la noche con el resto de whisky aún sobre la mesa, lo arrebató de inmediato.
—Dime. —La voz de Diego era fría y tajante.
—Señor, he encontrado los registros del orfanato de hace treinta y cinco años. Hay documentos de adopción de un niño. Son oficiales.
La mandíbula de Diego se tensó. Observó su reflejo en la ventana oscura. —¿Estás seguro de la fecha?
—Completamente, señor. Ese año coincide exactamente