Elena caminó lentamente tras la mujer, adentrándose en el apartamento. El corazón le latía con fuerza, atrapado entre los restos de los celos y el temor a lo que estaba a punto de presenciar.
La mujer se detuvo ante una puerta entreabierta. —Está dentro. Se acaba de quedar dormido después de tomar la medicación —susurró apenas antes de dejar que Elena entrara sola.
En cuanto Elena cruzó el umbral, sus pasos se congelaron.
Sobre una cama no muy grande, Diego yacía inmóvil. Aquel hombre que s