Elena se quedó petrificada. El borracho hizo una mueca de dolor cuando el agarre en su muñeca se intensificó. Daniel estaba allí, con la mandíbula tensa y una mirada capaz de helar la sangre a cualquiera.
—Caballero, creo que ha bebido usted demasiado —la voz de Daniel era baja, pero cargada de una amenaza implícita. Con un movimiento seco, apartó la mano del hombre del hombro de Elena.
Elena contuvo el aliento. El corazón le latía con fuerza al ver quién estaba frente a ella. Daniel. El ho