La mente de Diego trabajaba a toda marcha. Examinaba uno a uno los registros de las transacciones en la pantalla. El uso de la firma digital era impecable, sencillamente perfecto.
—Señor Montenegro, si no puede explicar esta anomalía, el consorcio no solo congelará los activos operativos, sino que llevará el caso ante los tribunales por presunta malversación de fondos —continuó el representante del banco con un tono inexpresivo.
Diego se reclinó en su silla, luchando por mantener su pulso es