Capítulo 41

La mente de Diego empezó a trabajar a toda marcha. Revisó uno a uno los registros de transacciones en la pantalla. El uso de la firma digital era impecable, sencillamente perfecto.

​—Señor Diego, si no puede explicar esta anomalía, el consorcio no solo congelará los activos operativos, sino que llevará este caso a los tribunales por presunta malversación de fondos —continuó el representante del banco con un tono carente de expresión.

​Diego se reclinó en su silla, luchando por mantener su ritmo
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