Capítulo 23

​Las puertas del club privado se abrieron de par en par, y la presencia de Diego Montenegro transformó instantáneamente la atmósfera en un bloque de hielo. Entró con su traje oscuro y el rostro rígido como una escultura de piedra, pero sus ojos emanaban una sed de sangre tangible. Cualquiera que viera su expresión sabía que Diego no estaba para juegos.

​Al fondo del salón, Marco Valeri permanecía con una copa en la mano. Al notar la llegada de su rival, soltó una risita y, con una mueca de burl
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