Diego nunca había sentido la necesidad de pasar mucho tiempo frente al espejo. Para él, la ropa no era más que una herramienta para exhibir su estatus. Pero esta mañana era distinta.
Observó su reflejo. El traje negro había llegado de Milán la noche anterior, confeccionado a medida exclusivamente para este día. Todo era preciso, tal como él lo había exigido. Se ajustó mínimamente la posición de la corbata; un gesto innecesario, pues estaba perfecta desde el principio, pero sus manos parecían n