Elena tardó unos segundos en procesar las palabras de Diego. La 402. Hace tres meses. La cifra martilleaba en su cabeza como un enigma indescifrable, pero se obligó a descartarlo de inmediato.
Frente a ella, Daniel se había quedado petrificado. Su mandíbula estaba tan tensa y sus puños tan apretados que los nudillos le habían quedado blancos. Elena podía sentir la furia que emanaba de él; Daniel estaba a un solo paso de estampar su puño en el rostro de Diego.
—Señor, su padre ha llamado una d