Lucía empezo a sentir malestar en su estomago.
Al principio pensó que era el cansancio. El nudo en el estómago, el olor aún tibio de la comida, la madrugada cayéndole encima como un peso extraño. Se levantó despacio, pero el mareo llegó antes que el pensamiento.
—Lucía… —alcanzó a decir Gael al verla palidecer.
Ella dio dos pasos inseguros y se detuvo en seco. El mundo se le inclinó peligrosamente.
—No… no pasa nada —murmuró, aunque su voz la traicionó.
La náusea subió de golpe.
Gael se puso de