Dos líneas.
Clarísimas.
El mundo no se detuvo, pero algo dentro de ella sí. Un sonido extraño salió de su garganta, mitad risa, mitad sollozo. Se llevó una mano a la boca, como si así pudiera contenerlo.
—No… —susurró, aunque la prueba no iba a desaparecer.
La puerta se abrió del todo.
—¿Y? —preguntó Gael desde el umbral.
Alma levantó la vista. Sus ojos estaban enrojecidos, la piel tensa, el pecho subiendo y bajando con dificultad. Tomó la prueba con dedos torpes y la extendió sin decir nada.
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