La caja de la prueba de embarazo cayó al suelo sin ruido exagerado.
Un golpe seco, breve.
Pero en el silencio del apartamento sonó como una alarma.
Alma no se dio cuenta de inmediato. Estaba demasiado concentrada en respirar, en sostenerse. Fue Gael quien bajó la mirada primero.
Sus ojos se fijaron en el objeto blanco junto a sus zapatos.
No frunció el ceño.
No reaccionó con sorpresa.
Solo soltó la muñeca de Alma.
Ese gesto fue peor.
—¿Qué es eso? —preguntó.
Su voz era plana, sin emoción, com