Capítulo 10.

La única palabra que logró romper el silencio de la cámara iluminada fue mi propio nombre, "Katherine", pronunciado con una voz grave y melodiosa que nunca antes había oído, una voz que resonó en cada fibra de mi ser, que me hizo estremecer de una manera que nunca antes había sentido. Me quedé inmóvil, mis ojos escaneando cada rasgo del hombre que se erguía donde momentos antes había estado el imponente dragón negro. Era un cambio asombroso, mágico, y mi mente luchaba por asimilar la realidad

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