El agua seguía tibia, envolviendo el cuerpo del príncipe como un velo de alivio. Violeta, aún de pie a su lado, tenía entre sus dedos la tela empapada que goteaba lentamente. Había silencio en la habitación, salvo por el crepitar del fuego y el susurro del agua cada vez que ella exprimía la toalla.
Ella intentaba mantener el control.
Intentaba recordar que no era Lady Violeta Lancaster.
Que era Emma. Que estaba atrapada en una historia, en un papel que nunca fue suyo. Que debía protegerse, no e