Lady Violeta Lancaster no dijo una palabra al principio.
Solo los miró. De pie, envuelta en una brisa suave que agitaba apenas los pliegues de su vestido crema, parecía una escultura de mármol. Imperturbable. Lejana. Letal.
Arabella fue la primera en notar su presencia, y se separó bruscamente del príncipe Leonard, llevando una mano temblorosa a sus labios.
—No… —murmuró con horror en los ojos—. No puede ser…
Leonard giró hacia donde ella miraba y su sangre se heló.
Allí estaba Lady Violeta Lan