La música aún vibraba en los pasillos cuando los últimos invitados comenzaron a despedirse. Entre risas, brindis y los ecos de la segunda pieza de baile que todos habían pedido, la velada se fue desdibujando en una bruma de satisfacción. La celebración había sido un éxito indiscutible, y Emma lo sabía: cada mirada, cada comentario, cada aplauso confirmaba que todos se irían con la sensación de haber asistido a una noche inolvidable.
Leonard, por su parte, permanecía de pie junto a Emma, con ese