Leonard jamás imaginó que el mundo de Emma sería tan… ensordecedor. Apenas salieron del edificio, el rugido de los automóviles lo hizo dar un paso atrás con brusquedad. Su instinto lo llevó a cubrir sus oídos con ambas manos, como si intentara protegerse del bramido de una criatura salvaje. Sus ojos se abrieron como platos al ver cómo las luces de los semáforos parpadeaban de rojo a verde, y cómo las personas cruzaban las calles sin mirar a su alrededor, completamente confiadas en esas extrañas