Capítulo 99: Puertas que no se cierran

La torre del ala norte no era una prisión oficial, pero sus muros lo sabían todo sobre cautiverios disfrazados de protocolo. Violeta, envuelta en una capa gris y sin joyas ni peinetas, caminaba en círculos dentro de la habitación redonda. Las paredes eran de piedra fría, el techo abovedado, y una sola ventana estrecha permitía que entrara la luz tímida de la tarde.

Habían pasado dos días desde su designación como Custodia del Pacto. Dos días sin saber si el reino estaba preparando su entrega… o
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