56.
MEGAN
La observo unos segundos más, en silencio, evaluando si realmente quiero abrirle la puerta a esta conversación o si es mejor cerrarla antes de que empiece, pero hay algo en su expresión —algo distinto, más contenido, menos afilado— que termina inclinando la balanza. No es confianza, ni mucho menos… es curiosidad. Y quizás un poco de necesidad de entender.
—Tiene cinco minutos —digo finalmente, apartándome lo suficiente para dejarle paso.
Helena entra sin hacer comentarios, recorriendo el