62.
MEGAN
El día empieza como cualquier otro.
Esa es, quizás, la parte más engañosa de todo.
Estoy en el sofá, con una manta ligera sobre las piernas y una taza de té ya tibia entre las manos, mirando sin realmente ver el programa que se reproduce en la televisión. La luz entra suave por las ventanas, el apartamento está en calma, y por un momento me permito creer que esta paz… es permanente. Que lo peor ya pasó. Que lo que tenemos ahora es suficiente.
Mi mano descansa sobre mi vientre casi todo e