60.
ASHER
La dejo en el sofá con una suavidad que no necesito pensar, como si cada movimiento estuviera guiado por algo más profundo que la lógica, algo que solo responde a la necesidad de cuidarla, de no alterar la calma frágil que finalmente volvió a instalarse entre nosotros. Megan se acomoda lentamente, todavía un poco cansada, todavía con esa mezcla de emociones en el rostro que no termina de desaparecer, y yo la observo un segundo más de lo necesario, asegurándome de que está bien, de que re