MEGAN La doctora me cita diciendo que quiere conversar con calma, que es importante. No me da detalles. Eso ya me pone en alerta.Cuando llego, el nudo en el estómago se aprieta.No estoy sola.Hay un hombre en la sala. Alto. Elegante. Demasiado fuera de lugar para una clínica, y aun así parece pertenecerle. Lo reconozco antes de entender por qué: es él. El hombre del que me embarazaron. El origen de todo.No alcanzo a detenerme en su rostro como quisiera, en sus rasgos, en la impresión completa de su presencia, porque una sola palabra cae sobre la mesa como una bomba.—Negociación.La dice la doctora, nerviosa, como si intentara suavizarla. Pero ya es tarde. Siento cómo algo dentro de mí se desestabiliza, como si me hubieran empujado sin aviso.¿Negociar qué?El hombre se adelanta. Su voz es firme, profunda, entrenada para convencer.—Voy a ser directo —dice—. Si el embarazo es positivo, estoy dispuesto a compensarte económicamente para que interrumpas el proceso.Aborto.Dinero.To
Leer más