Valeria
Sabía que no iba a ser fácil para él. Desde que salimos de la clínica, Fernando mantuvo esa expresión estoica que tan bien dominaba, pero yo lo conocía. Sabía distinguir entre el silencio que protege y el silencio que duele. Y ese día, el suyo dolía.
Cuando llegamos al departamento, abrí la puerta con una sonrisa que intentó disimular mis propios nervios. Sentí el corazón en la garganta. Porque sabía que este lugar, pequeño y humilde, no se parecía en nada a lo que Fernando había conoci