Valeria
La clínica tenía ese murmullo calmo de los fines de semana: menos pasos, menos voces, menos urgencias. Caminé por el pasillo con el corazón latiendo fuerte, sosteniendo mi bolso como si fuera un escudo. Había elegido un vestido sencillo, de tela suave y caída ligera, en un tono marfil que me hacía sentir bonita sin esfuerzo. El cabello suelto, un poco de rubor, brillo en los labios. Quería que Fernando me viera como soy. Sin uniformes. Sin barreras.
Toqué la puerta de su habitación, y c