Fernando
No supe en qué momento el dolor físico dejó de ser lo más importante. Tal vez fue cuando Valeria me acarició el rostro con esos dedos temblorosos, o cuando sus labios rozaron los míos por segunda vez, como si aún no creyera que podía besarme sin consecuencias. Como si tenernos de verdad fuera algo frágil, algo sagrado.
Se recostó a mi lado, despacio, como si temiera romper el silencio que habíamos creado entre los dos. Y yo la recibí como si fuera todo lo que había estado esperando sin