Valeria
La habitación estaba en silencio, pero mi mente no. A pesar de lo tarde que era, y de lo exhausto que había sido el día, mi cuerpo se negaba a entregarse al sueño. Aun cuando las luces estaban apagadas y la ventana entreabierta dejaba entrar el fresco de la noche, yo seguía despierta, mirando el techo, reviviendo cada segundo de la tarde, incapaz aún de creer lo que había hecho en el lugar donde trabajo.
¿Qué me pasaba? Solo podía pensar en él, y el su piel. Su respiración entrecorta