El hospital privado La Paz olía a desinfectante caro y a miedo contenido. Valeria llegó corriendo, con Elena a su lado, el corazón latiéndole tan fuerte que apenas oía las indicaciones del personal. La habitación de Fernando estaba en la planta de traumatología VIP: suite individual, vistas a la sierra nevada, cama articulada de alta tecnología. Pero nada de eso importaba.
Él estaba allí, pálido contra las sábanas blancas, pierna derecha enyesada desde el tobillo hasta la rodilla, vía intravenos