Fernando no volvió al apartamento esa noche. Caminó por Madrid hasta que las piernas le dolieron de verdad, no por la lesión, sino por el esfuerzo de no derrumbarse. Terminó en un hotel barato cerca de Sol, pagando en efectivo para que nadie lo localizara. Se tumbó en la cama dura, mirando el techo agrietado, las fotos de Valeria y Álex quemándole la retina.
No era solo el beso. Era el secreto. Las veces que se habían visto a escondidas. La distancia que había sentido en ella las últimas semanas