Volví antes de lo previsto. No era habitual en mí, pero algo en el estómago me había hecho girar el volante y acortar la última reunión. Un presentimiento. Una incomodidad difícil de nombrar, como si algo se hubiera movido en las sombras sin pedir permiso.
Había dejado el auto en la entrada lateral, donde solo unos pocos sabían que se podía aparcar. Ni siquiera Teresa me había escuchado llegar. Eso me dio ventaja. Caminé por el sendero de piedra en silencio, con pasos rápidos y sin levantar pol