Nyxara entró a la oficina del alfa real como si la urgencia tuviera forma: lo buscó en cuanto sintieron aquella sobrecarga de poder en el aire.
—Sabes lo que ha pasado —dijo, seca, sin rodeos—. Ha nacido un ángel, pero tiene más poder que cualquier ángel común.
Kaelion frunció el ceño. Sus manos descansaban sobre el escritorio; la mirada, perdida en la ciudad que se extendía bajo la oficina.
—¿Quiénes serán los padres? —preguntó Nyxara, incrédula—. No supe nada de un nacimiento.
—No lo sé —resp