—Te vas… ha llegado el momento —dijo la bruja a Silas cuando quedaron solos, su voz quebrada por sentimientos que no quería mostrar.
Silas la miró con desesperación contenida.
—Dime que me quede… dime que me quieres aquí.
Ella respiró hondo, cargada de amor propio.
—Claro que te quiero aquí conmigo. Pero no puedo decirte que te quedes. Eso solo puedes decidirlo tú… y yo no voy a detenerte.
El silencio se extendió entre ambos como un muro invisible. Silas no supo qué responder. Vida lo esperab