Con el cuerpo inerte de Mateo aún en la memoria y con Vida debatiéndose entre la vida y la muerte, la frágil y amorosa omega tomó el teléfono de la habitación. Lloraba sin consuelo, con la voz quebrada por la rabia y el dolor, mientras pedía ayuda.
Nyxara no tardó en llegar, acompañada de un par de brujas. Ellas las trasladaron a un hospital secreto para criaturas mágicas en Estados Unidos y, antes de marcharse, borraron todo rastro en el hotel parisino. Los humanos jamás sospecharían lo ocurri