117. Aunque se queme el mundo
117. Aunque se queme el mundo
La noche es espesa, húmeda, casi asfixiante. Silas avanza entre los árboles con su linterna táctica apagada, guiado solo por el instinto y la rabia que le hierve bajo la piel, no quiere alertar al enemigo. Lleva tres días sin dormir, y, aun así, cada músculo de su cuerpo se mantiene alerta y tenso. La búsqueda se ha vuelto una extensión de su respiración. No hay cansancio cuando tu esposa está perdida en algún lugar y el mundo entero parece querer tragársela e impe