El primer atentado no fue contra Isabella.
Fue contra su nombre.
Una de sus bodegas principales —la más visible, la más simbólica— ardió durante la noche. Las cámaras de seguridad fueron anuladas antes del incendio. Cuando los primeros hombres llegaron a apagar el fuego, ya era tarde. En la fachada calcinada, solo quedaban dos palabras pintadas con aerosol rojo:
“NO ES INMUNE.”
La ciudad entera despertó con ese mensaje. Las noticias hablaron de un corto circuito. Los informes oficiales