Las paredes de la mansión sabían más de lo que se decía en voz alta. Escuchaban las conversaciones veladas, las decisiones no anunciadas, los silencios que pesaban como balas. Y últimamente, esas paredes hablaban demasiado.
El nombre de Isabella ya no era solo una amenaza para los enemigos. También comenzaba a serlo para los que estaban del mismo lado de la mesa.
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Silvano Russo, uno de los capos más antiguos, le debía lealtad a Dante… pero no le gustaba obedecer órdenes de una mujer. Había c