Nunca pensé que el último destino de nuestro viaje sería el que me haría sentir que mi vida, finalmente, estaba completa. Después de días de nieve, arena y mar, Londres apareció ante mis ojos como una postal elegante, lluviosa y perfecta. .
Mi mamá iba sentada a mi lado dentro del avión, dormida sobre mi hombro como una niña. Su respiración tranquila me hacía sonreír. Del otro lado, Daniel me miraba con una expresión suave, esa que solo me dedicaba a mí, mientras sostenía a la niña dormida.
—¿C