No recuerdo en qué momento dejé de respirar, si cuando me bajé del carro o cuando escuché el motor del auto de Daniel detrás del nuestro. Solo sabía que él venía siguiéndome como un depredador que siente que su presa se le escapa entre los dedos. Yo no quería escucharlo, no quería verlo, no quería existir cerca de él. Solo quería entrar, recoger a mi mamá, a mi bebé y largarme para siempre.
Cuando el chófer abrió la puerta, bajé sin decir palabra. Daniel frenó justo detrás de nosotros. Lo vi po