Llegamos a casa en completo silencio. Nadie dijo ni una sola palabra durante el camino. Apenas cerramos la puerta, sentí que el aire se volvía denso, grueso, como si estuviera hecho de miedo. Mi madre llevaba a la niña en brazos, intentando mantenerla tranquila, pero incluso ella percibía la tensión. Yo estaba temblando. No podía detenerlo.
Me fui directo a mi cuarto. Apenas entré, sentí que algo dentro de mí se rompía. Abrí el clóset con las manos temblorosas y comencé a sacar ropa, meterla en