Flor Pérez
Cuando Matías y yo entramos a casa, voy directo a ver a mis niños, los cuales ya están cayendo en los brazos de Morfeo, bueno, más bien, en los brazos de Blanca, quien cuida de los tres chiquillos con toda la paciencia y el amor que se puede.
- Perdóname, te pasé a dejar a mis niños todo el día… -digo realmente apenada.
- ¡No te preocupes! Ellos son mis ahijados, así que aprovecho para malcriarlos un poco… -dijo Blanca entre risas. – Ahora dime tú, ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue?
Yo simple