El mensaje seguía activo.
“¿Debo intervenir?”
Pero esta vez…
no era una pregunta inocente.
Era una amenaza silenciosa.
Nadie se movió.
Ni los agentes.
Ni Karev.
Ni Sofía.
Ni Valeria.
Porque todos entendían lo mismo:
lo que Lucas dijera ahora…
no se quedaría en palabras.
El agente dio un paso al frente.
—No respondas.
Su voz era firme.
Más urgente que antes.
—Si esa cosa actúa, perdemos cualquier posibilidad de control.
Karev asintió.
—Tiene razón.
Valeria negó.
—¿Y si no actúa…?
Su voz tembló.