La luz no se movió.
Se mantuvo fija.
Directa a los ojos.
—¡Alto!
La voz no era improvisada.
Era firme.
Entrenada.
Autoritaria.
Karev levantó lentamente las manos.
No por miedo.
Por cálculo.
—No dispares —dijo con voz controlada—. No somos una amenaza.
Un silencio.
Breve.
Tenso.
—Eso lo decidimos nosotros.
Tres figuras emergieron de la oscuridad.
Vestimenta táctica.
Rostros parcialmente cubiertos.
Armas listas… pero no disparando.
Valeria sintió cómo el aire se le atrapaba en el pecho.
—Lucas…
É