La noche ya no parecía un refugio.
Era un campo abierto.
Lucas salió primero del edificio, con el pulso firme pero la mente en alerta máxima. Cada sombra, cada vehículo estacionado, cada luz distante… todo podía ser una amenaza. No había margen para errores. No después de lo que acababan de ver.
—Nos movemos en dos —ordenó Karev apenas cruzaron la puerta—. Dividimos rutas, reducimos riesgo.
—No —respondió Lucas sin detenerse—. Nos mantenemos juntos.
Karev frunció el ceño.
—Eso nos hace un blanc