El punto dejó de moverse.
Y con él…
también lo hizo el tiempo.
Lucas no apartó la mirada de la pantalla. La ubicación estaba fija ahora, marcada como una herida abierta en el mapa. No era una coincidencia. No era un error.
Era una invitación.
—Ahí —dijo en voz baja.
Karev redujo la velocidad.
El vehículo negro seguía detrás, pero ya no intentaba acercarse más. Como si no hiciera falta. Como si supiera que el destino ya estaba decidido.
—Esto huele mal —murmuró Karev.
—Es una trampa —respondió S