El silencio que dejó la pantalla al apagarse no fue vacío.
Fue un golpe.
Uno que se quedó flotando en el aire, incrustado en cada uno de ellos, como una verdad imposible de ignorar.
Lucas no se movió.
Sus ojos seguían fijos en el lugar donde segundos antes había estado su hijo.
Esa imagen…
no era una advertencia.
Era un mensaje.
Claro.
Directo.
Personal.
—Ya no está jugando… —murmuró.
Valeria respiraba con dificultad.
—Nunca lo estuvo…
Su voz se quebró, pero no lloró.
No esta vez.
Había pasado