La oscuridad, ah, no fue instantánea.
Llegó, poco a poco, descendiendo.
Como si un peso inmenso callese encima.
Era como si todo el edificio se apagase… por capas.
Primero, las pantallas, ya sabes.
Luego, las luces, claro.
Después el sonido se esfumó.
Hasta que, lo único, lo único… quedo
el eco de sus propias respiraciones.
Lucas permaneció inmóvil.
No podia moverse.
La imagen de Elena aún viva, persistia, firme, en su mente.
Clara, totalmente, perfecta.
Intacta.
Viva.
—No… —murmuró, ahogadamen