La ciudad seguía húmeda, brillante bajo las luces nocturnas, como si todo estuviera cubierto por una capa de reflejos engañosos.
Lucas conducía sin mirar el GPS.
No lo necesitaba.
Había lugares que no se olvidaban.
Y Sofía siempre elegía uno en particular.
—¿A dónde vamos exactamente? —preguntó Valeria desde el asiento trasero.
Lucas no apartó la vista del camino.
—A un sitio donde ella siempre tiene ventaja.
Daniel apoyó un brazo en la ventana.
—Eso no suena muy tranquilizador.
Karev permanecí