La pequeña luz roja del transmisor parpadeaba lentamente sobre la palma de la mano de Lucas.
Un destello.
Pausa.
Otro destello.
Era casi hipnótico.
La luz parecía respirar en la oscuridad de la sala, marcando un ritmo silencioso que se sentía más inquietante que cualquier sonido.
Valeria observaba el dispositivo con desconfianza, como si pudiera explotar en cualquier momento.
Sus ojos no se apartaban del pequeño aparato.
—¿Estás seguro de que es seguro tocar eso? —preguntó.
Lucas negó levemente